Mostrando entradas con la etiqueta Todo esto será tuyo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Todo esto será tuyo. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de diciembre de 2008

Capitulo uno de la novela "TODO ESTO SERÁ TUYO"

(Capitulo uno)

–
El tren venía por el espacio abriendo el universo. Verdetierra, verdetierra, laguna y cielo, desparramo de pájaros, alambrado y silencio. Sin saberlo, entraba en un mundo que sería mío… De la estación, hicimos campo hasta una paré altísima. Todo parecía quieto, muerto, sin lugar. Nos hicieron pasar. Movieron papeles, suelas, palabras. Isa me dijo: hijo, aquí van a enseñarte a ser un hombre de bien. Me dio un beso y se fue. Nunca más la vi.

–Tuvo que viajar... Ya te contaré.

–En el dormitorio me mostraron: tu cama, tu pilcha, tu ropero, tu número, el ciento once. Resinación y obediencia. Ciega, me dicieron. Quitaron la luz que me estaba desvistiendo. Para apurarme, el celador me tiró un bollo. Como me reí, ligué otro. Como me reí más, otro. Resultado: terminé en el piso y el tipo me zapateó completo. Los pibes, a zafarrancho.

–¿De que te reías?

–No sé. Ha de ser la drenamina.

–La adrenalina…

–Eso. Entra un dogor, con voz de pito pone todos a callar y me revolea escalera abajo. De los pelos. En el patio empieza a meterme trompadas de sangre. Reíte ahora uno uno uno feto de mil putas. Al final, me escupitajeó y yo le batí: gracias vieja.

–¿Por?

–No sé. Venía perdedor. No sabía que me podía reasionar… En enfermería supe que al inflado le decían Clara Boya; que cuando lo veían venir los pibes se hacían encima, entonces iba por otro; que había un par de mongis que habían quedado así por los piñazos del bufa; que con el único que no se metía era con uno que se llamaba Chatarra; que al dire le decían Cangrejo por la cara de curda. Eso supe por el Moncho, un correntino gorgojo, trucha de mulita. Buenazo. Contaba que la vieja lo había parido prematurro. De gramos. Que lo cagó y se fue. Que para salvarlo la partera se lo enchaconó y lo crió ahí calientito calientito. Que le daba teta ahí abajo direto y que cuando al final lo desconchó se vio que se le había formado otro umbligo. Único humano con dos umbligos mostraba levantando la pilcha.

Ella lo miró.

–Bueno, después me batió la justa... Éste, me lo hizo la vieja que me parió y éste otro es un cuarenticincazo que me chantó la yuta. Lo que esplica porqué además era el único humano con umbligo a la espalda.

–¿Lo balearon?

–De lado a lado. El viejo, que no era el viejo sino el punto de la partera, cansado de tanto conche y desconche se lo alquiló a un circo para que lo tirara a cañón. Un día se le cayó del cielo a un policía que lo confundió con estraterrestre por lo fulero y lo balió. Resultado, el cirquero lo devolvió por inservible y el punto de la partera al concebirlo difunto lo encajonó para basura. Pero esa noche se raja el cielo, se desmadra el río y el jonca con el pibe se va Paraná abajo y le entra por la ventana a una curandera que recibe el cadáver a medio hacer…

–Qué historia…

–…La mano santa se lo disputa a la parca, lo retorna a la esistencia y se lo vende al mismo circo, mire usté, como el único humano nacido dos veces que en realidá eran tres. Y ¡vuelta a cañonearlo! Y ahí, basta. El Moncho se espianta definitivo, en camalote, río abajo como quien va en bote a mano y remando. En el Purga, pasó como todos, por el buzón, el desierto...

–¿El desierto?

–Montañas de arena en cuadros de madera, dejando siempre uno libre. Cuando el Cangrejo viene y me dice saque a pasear las montañas, yo le contesto, oiga, ¿está en pedo? Y el tipo: acá el pedo es salú y me manda derecho al buzón, un roperito de entrar parado. Días. Encima, cuando te abren te caés y como no podés caminar te mueven a rebencazos. Total, que te cuidás.

Ella pasó el mate.

–¿La escuela funcionaba?

–Funcionó dos años, con la Yeguasa. Le decíamos así por yegua santa. Yo me hice gente con ella… Un día le confío: no tengo recostadero. Y ella: todos tenemos en el mundo un lugar reservado nuestro que nadie ocupará jamás. ¿Ha de creerme?

–Comonó.

–¿Y cuál es ese lugar? pregunto. Tendrá que descubrirlo, me dice. Me enseñó a tenerme respeto. Y paciencia... El másimo tesoro no es el dinero, es la intensidá de la mirada, decía, la curiosidá. El pior enemigo del pobre es la vergüenza, vergüenza de preguntar, de no saber. No se dice pa’, se dice para; no se dice lo’libro, se dice losss librosss. Cada vez que alguno decía: y yo qué sé, ella contestaba: todo niño es un sabio que no sabe que sabe. ¡Nos rompecabeceaba, la guacha! ¿Y saben por qué sabe aunque no sepa? Porque quiere aprender. Nunca afirmaba: esplicaba preguntado. La sigo viendo en su despedida… Yo casi no la escuchaba porque la venía palando para adentro, almacenándola para el invierno. Al final, como pasando raya y sumando dijo: hay dos tipos de tiempo, en uno de esos tiempos no hay despedidas ni dolores. Ahí los espero. Abrió la puerta y se mandó. Como nadando.

Oscurecía.

–…La hallaba igualita a la virgen María. Pintada. Pero no ha de ser porque al tiempo agarró cría. Esa fue, se malicia, la razón de su partida. Por sentir la paz que en su calor despedía, con el Cabeza hacíamos tarde en bibloteca…

–¿Quién es el Cabeza?

–Mineti, mi hermano.

–Si vos no tenés hermanos.

–Hay hermanos que se hacen, y valen doble, triple. El Cabezón es mi hermano. Me leía. Nos perdíamos en las historias... Tanto, que cuando sonaba la campana salíamos tembleques.

–Y de mis visitas, ¿te acordás?

–Cómo no me voy a acordar. Cuando me dicieron, tenés visita se me aflojaron las patas. Tenía miedo que fuera Isa. Que me sacara.

–¿No querías salir?

–¿Está loca?

–Hablabas tan poco…

–Usté traía un dulce de leche envuelto en papel blanco, atado con hilo blanco a un manguito de madera blanca, marcado a fuego como las vacas, donde se leía Confitería París... Después, no vino más.

–Enfermé... El frío, esas horas de tren, y yo tan chacabuca.

–¿Usté la veía a Isa?

–Le había pedido tu tenencia.

–¿Qué le contó de mí?

–No mucho. Vos sabés, es de pocas palabras.

–Yo soy distinto, Sara…

–Sos como todos.

–No. En el purga me decían Piltra, por Piltrafa. Un día… Chatarra me manda llamar. Él hacía cuartel en la cancha de paleta. Asi que a vos te gusta que te den felpa, te gusta el fracaso, y movía el faso de un lado para el otro con la lengua. Bueno, te voy a dar el gusto, te voy a fracasar para siempre, pero no a vos, a tu colifa. Andá sabiendo, me alesionó, que todos llevamos dentro un colifato, un mostro descerebrado y caníbal. Para ser alguien hay que hacerlo mierda, ¿cuadrás?, bien mierda. Si no él te hace mierda a vos. Asi que, aprontate. Para mí, ese día no termina de pasar... A cada mano que me metía se me soltaba el cuerpo y tras el cuerpo lalma. Cuando el Chata paró yo estaba a la miseria, pero él no andaba mejor. Los pibes me alzaron: Pil-tra-fa… Pil-tra-fa... Ni mierda me voy a olvidar ese día... Tenés las manos pesadas y el cuerpo firme habló y todos escucharon, pero para incrustarle al Clara Boya las astillas de la napia contra la nuca te falta yel, odio, cemento. Todo podrás si te lo propones. Son muchos los que quieren patinar sobre esa bolsa de pus.

Ella se levantó y encendió la luz.

–¿Y en taller, qué hacían?

–Carpintería, torno... Pero lo que más me gustaba era huerta, gracias a las enseñanzas del tío Tuto. ¿Usté lo conoció?

–Apenas.

–Un tipazo. Gracias a él, me hicieron capaz.

–Capataz…

–Eso. Palar, abrir el mundo, dejar las lumbrises pataleando. Eso aserena. Viene como una respiración de ahí.


domingo, 27 de enero de 2008

La vida violenta (Reseña)

La vida violenta
[por Lautaro Ortiz, para Diario La Capital, Marzo 2006]
Tres elementos, nada frecuentes en la narrativa argentina actual, reúne Augusto Bianco (periodista, traductor y fundador de la mítica editorial Rompan Fila de los años 70) en las páginas de esta novela: humor, imaginación y un desparpajo formal que intenta con éxito destruir la columna vertebral de este género. Su historia es el relato de la vida de Juan Amaral (uno de los tantos nombres que tiene el protagonista) y su aventura, la búsqueda de su identidad. El personaje es una suerte de bestia marginal ("vivía en estado de brotación salvaje") que descubre el mundo a partir de la violencia: su placer es pegar y ser golpeado. Como si en los golpes que da y recibe estuviera el verdadero sentido de la existencia.
Mientras le cuenta a su madre adoptiva una vida construida a partir de golpes de puño, Amaral desnuda su existencia: la vida en un orfanato; el amor violento con su madre; el éxito como boxeador sanguinario (con el apodo de Amasijo Noyo lleva el boxeo a los límites con la muerte, masacrando a sus rivales con "el disparo a repetición, el falso trompadón, el firulete distractivo, el bolopunch cruzado"); el descubrimiento de un nuevo deporte como el "boxtoreo" (Amaral es capaz de derribar a los animales a las trompadas); la opresión de la hipertecnología y hasta la guerrilla centroamericana. Desde los aires, su abuelo (un ingeniero esquizofrénico perteneciente a una hermandad del aire) le sigue los pasos, acompañándolo a distintos lugares del mundo, a bordo de un dirigible bautizado Utopía.
Como una especie de dios griego, el abuelo rescata a su nieto al final de cada aventura (el dirigible sirve de deus ex machina para cada escena) cuando la muerte acecha y el cuerpo de Amaral se reblandece. La dupla nieto-abuelo, no es otra cosa que la conversación entre la experiencia y la práctica, lo político y lo social, entre el que conoce la violencia del mundo y el que la enfrenta. La teoría está en el aire y la práctica sobre la tierra. A partir de esos polos, Bianco hace su retrato de ciertas ambiciones humanas dominadas por lograr el éxito: el dinero, los terratenientes, los empresarios, la policía y hasta los medios de comunicación.
Con un cuidadoso trabajo de lenguaje, a veces deliberante sucio, tartamudo, Bianco logra un primer golpe desde el inicio que nunca decae: "El tren viaja por el espacio abriendo el universo. Verdetierra, verdetierra, laguna y cielo, desparramo de pájaros, alambrado y silencio". No hay lugar para aburridas descripciones, ni reflexiones ensayísticas, el relato demanda velocidad y así lo escribe Bianco ("Rompe el amarillo sobre los campos mojados. Humean los plátanos. Muge el ganado") En ese vértigo el autor logra por momentos que el personaje Amaral se asemeje a un personaje de historieta tratando de hallar, en cada uno de los 47 capítulos, el tesoro de la aventura.
Como un Rabelais de estas tierras, Bianco junta, pega y juega con expresiones populares, eruditas, refranes, citas y letras de tango, siempre tamizado por un humor ácido, que da pie a un retrato monstruoso de la sociedad como sistema de vida. "El planeta se parece cada vez más a un huevo de codorniz, con pequeñas manchas de bienestar en medio de un océano de miseria. El desempleo, la pobreza y la corrupción no son problemas sino soluciones. Los dueños del mundo sólo dudan entre abandonar la gente a su suerte o ayudarla a desaparecer más rápidamente antes que se vuelva demasiado peligrosa", dice el abuelo a su nieto que siempre responde con ingenio: "Bajá de la rama, imaginero".
El sabor del final es el de una novela irrepetible y -teniendo en cuenta los ejes de la narrativa actual- única en su especie. "Todo esto será tuyo" tiene el mérito de poner al género otra vez en su lugar: en el campo de la pura imaginación.

Reseña - Radar Libros



Boxeando con las palabras
[Por Lautaro Ortiz, para Radarlibros]

Un trabajo extremo con el lenguaje caracteriza la primera novela de un escritor maduro.

Pegar y ser golpeado. Eso es lo que encuentra el protagonista Juan Amaral durante su peregrinaje relatado en Todo esto será tuyo, primera novela de Augusto Bianco, nacido en Italia en 1942 y con una larga trayectoria en el país como periodista, traductor y editor.

Con una prosa deliberadamente sucia, tartamuda, construida a tijeretazos, Bianco despierta de la larga siesta a cualquier lector que se le anime a sus páginas. Claro, cualquier lector quiere decir aquel que desprecie del género las descripciones detalladas, la falta de imaginación, las largas reflexiones al margen de la historia y una prosa no vinculada con la gestualidad de la poesía, es decir, sin ritmo.

El personaje central es una suerte de bestia marginal (“vivía en estado de brotación salvaje”, lo describe Bianco) que pasa por lo peor de la vida: la violencia de un orfanato; el amor salvaje con su madre; el éxito como boxeador sanguinario (con el apodo de Amasijo Noyo masacra a sus rivales con “el disparo a repetición, el falso trompadón, el firulete distractivo, el bolopunch cruzado”) y hasta se convierte en el creador de un nuevo deporte: el boxtoreo. En su largo camino de penurias (va sin nombre aceptando la identidad que le depara cada aventura), el personaje se enfrenta al mundo de la soledad que impone la hipertecnología y hasta presta su cabeza para el nudo de la guerrilla centroamericana. Al igual que Jesús (el título de la novela remite al relato bíblico), Juan Amaral descubre en los golpes el verdadero sentido de la existencia humana y de su raza.

La figura del abuelo, esquizofrénico ingeniero perteneciente a una hermandad del aire y creador del dirigible Utopía (siempre está cuando a su nieto le faltan fuerzas) es un logro en la novela. Un personaje dibujado por dos o tres trazos porque lo que importa es lo que sale de su boca: “Ya quisiera para mí la contundencia de la rama, capaz de dosificar la sal de la tierra, plegarse a la tormenta, filtrar las radiaciones. ¡Cuánto más extraviados son los frutos del pensamiento humano! El estado de gracia es el estado vegetal humanizado, grité una vez en el seminario. A partir de ahí, me consideraron loco”. La dupla nieto-abuelo trabaja el contraste: tierra-sueños, muerte-vida, pensamiento-práctica. Uno en la tierra sufriendo, el otro en el aire enseñando: mientras Amaral se rompe el cuerpo descifrando el mundo, su abuelo desde lo alto se rompe los ojos viendo la imposibilidad de su sangre.

Entre resonancias de Arlt y Borges se escucha la humorada a la que siempre recurre Bianco para levantar la historia: juegos con refranes, con citas tangueras, guiños eruditos, gestualidades políticas y una velocidad en el relato que asombra. Sus descripciones son un ejemplo: “Escorado, el dirigible rola en la borrasca”; “Brota la torre como un hongo arrancado de la tierra por la fuerza del sol”; o el comienzo memorable: “El tren viaja por el espacio abriendo el universo. Verdetierra, verdetierra, laguna y cielo, desparramo de pájaros, alambrado y silencio”.

Bianco no respeta el equilibrio entre la historia y la prosa, y eso hace que su novela sea distinta. A Todo esto será tuyo habrá que sumarla a esa literatura que no vive de prestado sino que escarba el centro, que le mira los ojos a la novela.

Fuente: Radar Libros